LLAMADOS…

LLAMADOS…

Como “los doce”, también nosotros somos llamados por nuestros nombres… y como ellos, no somos llamados como candidatos a un cargo o como beneficiarios de un privilegio; ni siquiera fueron llamados por Jesús para “ser salvados” personalmente cada uno de ellos (de nosotros), sino para “enviarlos” (para enviarnos)… para ser fermento, para consumir su vida siendo sal y siendo luz para quienes los rodean; para anunciar y hacer accesible la misericordia y el perdón del propio Jesús, su compasión y su bondad…

Porque el “envío”, en principio, ses a nuestro propio entorno, a “los nuestros”; no es una misión en tierras lejanas y para aventureros, sino una forma “abierta” de vivir, entregada y sembradora de confianza y de alegría, de ilusión y perspectiva de futuro. Y después, cuando cada uno deba ya decidir su proyecto de vida, cada cual emprenderá un camino concreto, aquí o allí, cerca o lejos, que estará forzosamente marcado por esa “misión”.

Los discípulos son siempre los privilegiados de su maestro, sus confidentes y herederos; pero con Jesús eso significa algo más: convertirse en “conjurados de su causa”, en voluntarios del servicio al prójimo y la entrega… No somos tanto los encargados de transmitir una doctrina, sino los testigos “por contagio” de su forma de vida… Viene a ser el mensaje del Papa León, en perfecta continuidad con su antecesor Francisco… ¿Seremos capaces de entenderlo del todo algún día y decidirnos a practicarlo?…

Por |2026-06-13T08:27:53+01:00junio 13th, 2026|Artículos, General|Sin comentarios

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