Comentarios sobre el EVANGELIO DE JUAN

CREER PARA VER… (Jn 20, 19-31)

CREER PARA VER… (Jn 20, 19-31) Quien no cree en Él no puede “ver” a Jesús resucitado. Es preciso haberlo conocido y haber confiado incondicionalmente en Él. Como también es preciso haber presenciado con estupor y desánimo la decepción de haberlo visto morir crucificado y, a pesar de ello, seguir manteniendo la esperanza de que “no puede haberse equivocado”… "el final de

QUERER VER A JESÚS (Jn 12, 20-33)

QUERER VER A JESÚS (Jn 12, 20-33) Sin duda alguna el evangelio de Juan pretende que resulte algo enigmático: unos griegos dicen a Felipe que “quieren ver a Jesús”… ¿Acaso Jesús no era bien visible para todos? ¿No lo conocía cualquiera, aunque sólo fuera por su original manera de hablar y de enfrentarse a las autoridades religiosas en sus discusiones con ellas, y por su peculiar

AUTOCONDENA (Jn 3, 14-21)

AUTOCONDENA  (Jn 3, 14-21) El trasfondo del episodio de la serpiente de bronce durante el éxodo de Israel a través del desierto en su camino hacia la Tierra Prometida, sirve al Jesús del evangelio de Juan para evocar ante Nicodemo (¡y ante nosotros!), cómo lo que Dios nos ha revelado siempre e incansablemente es su voluntad de sanarnos, de salvarnos, ofreciéndonos siempre

LA INDIFERENCIA COMO COMPLICIDAD (Jn 2, 13-25)

LA INDIFERENCIA COMO COMPLICIDAD  (Jn 2, 13-25) El incidente de Jesús en el Templo expulsando a los mercaderes y derribando sus mesas, que según todos los indicios desencadenó su prendimiento y su condena, lo sitúa san Juan al comienzo de su evangelio, como marcando ya desde el principio el desenlace que cabe esperar a su vida. Es la única ocasión en que

“MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES?” (Jn 1, 35-42)

“MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES?”  (Jn 1, 35-42) En ese plus humano que constatamos cuando honrada y sinceramente consideramos la materialidad de nuestra persona en su mera corporeidad, descubrimos eso que podríamos definir como una sensibilidad profunda que nos da acceso a lo más hondo, lo genuino e inasible de nuestra persona impreso en lo sensible y en lo pensable, y que percibimos con

“ME QUEDA LA PALABRA” (Jn 1, 1-18)

“ME QUEDA LA PALABRA” (Jn 1, 1-18) Desde el inconcebible y remoto origen eterno de su propia e inaccesible divinidad el propio Dios, en su misterio, vislumbra, prevé, predestina (llamémoslo como podamos y queramos, pero no tropecemos ni nos enredemos con las inevitables incomprensiones de nuestros términos y sus supuestamente lógicas conclusiones) el otro extremo de esa misma eternidad: el de un

PROTAGONISMO Y EVANGELIO (Jn 1, 19-28)

PROTAGONISMO Y EVANGELIO (Jn 1, 19-28) La actitud de Juan el Bautista que nos presenta el evangelio de S. Juan no puede ser más elocuente: enmudecer para que “Otro” hable, empequeñecerse a sí mismo para apreciar la grandeza de ese “Otro”, desconocido incluso para él… desaparecer él del mapa porque sería indigno y opuesto a su misión hacer sombra a nadie, conocer

PENTECOSTÉS (Act 2,1-11 y Jn 20,19-23)

PENTECOSTÉS  (Act 2,1-11  y  Jn 20,19-23) Pentecostés es tomar conciencia y asumir por fin de modo decisivo y ya irrenunciable la experiencia radical cristiana, lo experimentado y vivido en Jesús, con Jesús y por Jesús: hacer posible lo imposible, acceder a la utopía. Cualquier otra posible consideración del acontecimiento narrado novelescamente por Lucas (tal como hizo también con la Ascensión de Jesús al cielo), puede revestir un gran

HACIA EL FUTURO, SIEMPRE A LA ESPERA (Jn 14, 15-21)

HACIA EL FUTURO, SIEMPRE A LA ESPERA    (Jn 14, 15-21) Aceptar la propuesta de Jesús y su “evangelio” es dar un decidido paso hacia el futuro y definir nuestra vida en función de él, y no en función de nuestra biografía ni de nuestro “pasado”. El discipulado no se define tanto por un peculiar conocimiento (la “sabiduría de las cosas de Dios” es algo distinto), como por una esperanza. Es verdad

¿FRACASO ABSOLUTO? (Jn 14, 1-12)

¿FRACASO ABSOLUTO?  (Jn 14, 1-12) El fracaso más estrepitoso y contundente de Jesús no es el de la cruz. Eso se veía venir. Todos lo presienten e incluso le advierten para que sea precavido. Él mismo cuenta con ello y lo manifiesta claramente con mucha antelación, enfrentándose al ingenuo optimismo de algunos de sus propios discípulos. Incluso la falta de aceptación por parte de las