Comentarios sobre el EVANGELIO DE JUAN

UNA FUERZA INCONTENIBLE: PENTECOSTÉS  

UNA FUERZA INCONTENIBLE: PENTECOSTÉS   (Jn 20, 19-23) Desde que “el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas…” en la Génesis del universo, hasta el soplo de Jesús resucitado sobre sus discípulos y el huracán de Pentecostés, la fuerza de ese Espíritu Santo es imparable e incontenible. Podríamos decir que, inscrito en el proceso de evolución de la materia y de la

SIN LUGAR PARA LA DUDA (Jn 15, 9-17)

SIN LUGAR PARA LA DUDA (Jn 15, 9-17) Hay argumentos y afirmaciones que, por mucho que se sustraigan forzosamente a comprobaciones empíricas y reglas lógicas, o al consenso científico de los guardianes del orden de las leyes físico-químicas, se nos muestran como evidentes e irrefutables, y de mucha mayor consistencia y densidad como fundamento de nuestro comportamiento y de nuestra vida y

IN-CORPORADOS A LA DIVINIDAD (Jn 15, 1-8)

IN-CORPORADOS A LA DIVINIDAD (Jn 15, 1-8) Jesús es insistente: su llamada al seguimiento, la decisión de formar parte de sus incondicionales para dejar que Él sea quien oriente, anime, acompañe y dirija nuestra vida, no es una simple decisión libre y voluntarista nuestra, cuya aceptación nos agrega sin más a su rebaño por medio del Bautismo; sino que trasciende lo meramente visible e incluso testimonial de un signo o una actitud más

SER IMPORTANTES  (Jn 10, 11-18)

SER IMPORTANTES  (Jn 10, 11-18) Aunque el ambiente de rivalidad, competencia y vanidad en el que se mueve nuestra sociedad, y que propicia tanto la abundancia y variedad de planteamientos y objetivos frívolos y superficiales, como el circo de este mundo nuestro de maquillajes, morbo, y carencia de valores profundos, de coherencia y de rigor, y, en una palabra, de lo genuinamente humano, y personal e íntimo, que dignifica

CREER PARA VER… (Jn 20, 19-31)

CREER PARA VER… (Jn 20, 19-31) Quien no cree en Él no puede “ver” a Jesús resucitado. Es preciso haberlo conocido y haber confiado incondicionalmente en Él. Como también es preciso haber presenciado con estupor y desánimo la decepción de haberlo visto morir crucificado y, a pesar de ello, seguir manteniendo la esperanza de que “no puede haberse equivocado”… "el final de

QUERER VER A JESÚS (Jn 12, 20-33)

QUERER VER A JESÚS (Jn 12, 20-33) Sin duda alguna el evangelio de Juan pretende que resulte algo enigmático: unos griegos dicen a Felipe que “quieren ver a Jesús”… ¿Acaso Jesús no era bien visible para todos? ¿No lo conocía cualquiera, aunque sólo fuera por su original manera de hablar y de enfrentarse a las autoridades religiosas en sus discusiones con ellas, y por su peculiar

AUTOCONDENA (Jn 3, 14-21)

AUTOCONDENA  (Jn 3, 14-21) El trasfondo del episodio de la serpiente de bronce durante el éxodo de Israel a través del desierto en su camino hacia la Tierra Prometida, sirve al Jesús del evangelio de Juan para evocar ante Nicodemo (¡y ante nosotros!), cómo lo que Dios nos ha revelado siempre e incansablemente es su voluntad de sanarnos, de salvarnos, ofreciéndonos siempre

LA INDIFERENCIA COMO COMPLICIDAD (Jn 2, 13-25)

LA INDIFERENCIA COMO COMPLICIDAD  (Jn 2, 13-25) El incidente de Jesús en el Templo expulsando a los mercaderes y derribando sus mesas, que según todos los indicios desencadenó su prendimiento y su condena, lo sitúa san Juan al comienzo de su evangelio, como marcando ya desde el principio el desenlace que cabe esperar a su vida. Es la única ocasión en que

“MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES?” (Jn 1, 35-42)

“MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES?”  (Jn 1, 35-42) En ese plus humano que constatamos cuando honrada y sinceramente consideramos la materialidad de nuestra persona en su mera corporeidad, descubrimos eso que podríamos definir como una sensibilidad profunda que nos da acceso a lo más hondo, lo genuino e inasible de nuestra persona impreso en lo sensible y en lo pensable, y que percibimos con

“ME QUEDA LA PALABRA” (Jn 1, 1-18)

“ME QUEDA LA PALABRA” (Jn 1, 1-18) Desde el inconcebible y remoto origen eterno de su propia e inaccesible divinidad el propio Dios, en su misterio, vislumbra, prevé, predestina (llamémoslo como podamos y queramos, pero no tropecemos ni nos enredemos con las inevitables incomprensiones de nuestros términos y sus supuestamente lógicas conclusiones) el otro extremo de esa misma eternidad: el de un