LLAMADOS…
LLAMADOS… Como “los doce”, también nosotros somos llamados por nuestros nombres… y como ellos, no somos llamados como candidatos a un cargo o como beneficiarios de un privilegio; ni siquiera fueron llamados por Jesús para “ser salvados” personalmente cada uno de ellos (de nosotros), sino para “enviarlos” (para enviarnos)… para
TRANSUBSTANCIACIÓN…
¿TRANSUBSTANCIACIÓN? No dudo que fuera legítimo, e incluso apropiado y conveniente a los tiempos, aplicar el concepto filosófico de sustancia y el término transubstanciación a la teología sacramental de la eucaristía, y afirmar (eso sí, de forma obsesiva, y de un modo excesivamente inconveniente y apasionado), la “presencia real” de
DESBORDADOS
DESBORDADOS Hablar de Dios y “comprenderlo” como Trinidad es, por encima de todo, confesar que Dios desborda nuestra capacidad de comprensión; pero, a la vez, es afirmar que “conocemos” dónde se sitúa su misterio, porque él mismo nos lo ha revelado, respondiendo con rigor y coherencia absoluta a nuestros interrogantes
OTRO HORIZONTE
OTRO HORIZONTE Hablar de la “Ascensión de Jesús” es confirmar que su vida tenía y convocaba a otro horizonte, a algo distinto de lo que solemos estimar como lo más importante y decisivo de nuestra vida. Pero no se trata del “escapismo” fácil e ingenuo, “sentimental y platónico”, al que
CAMINO, VERDAD Y VIDA
CAMINO, VERDAD Y VIDA Afirmar Jesús que es “camino, verdad y vida” es una rotunda invitación a superar lo emocional, y no quedarnos en el sentimentalismo del “encuentro deslumbrador” (encuentro necesario e irremplazable, pues es la constatación del interés personal de Dios por cada uno de nosotros, de su iniciativa
EPIFANÍA: “LEER LA VIDA”
EPIFANÍA: “LEER LA VIDA” Aprender a “leer nuestra vida” no desde las pautas y criterios que nosotros mismos nos habíamos marcado, e incluso impuesto, como exigentes y rigurosos para conseguir una existencia “ejemplar” e intentar ser fieles a esa llamada radical al seguimiento que descubrimos en la persona de Jesús
AÑO NUEVO
AÑO NUEVO Sabernos responsables de aportar paz y fraternidad en el entorno de nuestra persona y de nuestra vida. Tener presente que probablemente nadie sino nosotros va a ser portador de perdón, de misericordia y de compasión a nuestro alrededor, en el día a día de nuestra existencia. No dudar