PLEGARIA EUCARÍSTICA
–Epifanía–
El tiempo de Navidad, Señor, es un camino
dirigido especialmente por la luz de tu pesebre
que alumbra los pueblos y la historia.
A él se dirigieron los pastores
dejándose guiar por los ángeles del cielo;
y hasta él llegaron los Magos,
iluminados inesperadamente por la estrella.
También nosotros acudimos a adorarte,
para ofrecerte lo que somos y tenemos.
Por eso,
nos unimos a los coros celestiales
y proclamamos jubilosos:
SANTO, SANTO, SANTO…
Tu santidad, Oh Dios,
que desborda los cielos y la tierra,
la extiendes por tu Espíritu a todo lo creado;
por eso te pedimos,
que el Espíritu Santo se haga presente aquí y ahora
y santifique este pan y este vino presentados,
para que sean cuerpo y sangre de tu Hijo.
El cual la noche de su Última Cena
reunió a sus discípulos,
y tomando el pan te bendijo,
lo partió y se lo dio diciendo:
TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL…
Después tomando el cáliz
y pronunciando la acción de gracias,
se lo pasó diciendo:
TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL…
Este es el misterio de la fe:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven, Señor Jesús!
Celebrando, pues, este memorial
te pedimos Señor, que el Espíritu Santo,
que infundiste en tu creación
y es signo de tu presencia entre nosotros,
anime y fortalezca nuestra vida
uniéndola más estrechamente a ti
y haciendo de la Iglesia un signo de tu amor.
Que seamos miembros vivos de Cristo
y sepamos reflejar en este mundo
tu amor y tu bondad.
Acudiendo en este día de Epifanía,
como los Magos, al portal
para adorar a tu Hijo;
que ese gesto nos lleve como a ellos
al asombro ante tu poder,
que se manifiesta en lo más débil y humilde,
y nos reclama ser testigos agradecidos y felices
de tu compasión y tu ternura.
Que sepamos, como ellos,
corregir nuestro rumbo
cuando nos extraviemos por el brillo del poder,
por el lujo y la vanidad de nuestro mundo,
por nuestros errores y nuestra cobardía.
Ayúdanos a dejarnos guiar siempre por tu luz,
y a vivir con mansedumbre y humildad,
reconociéndote en todos nuestros hermanos,
y especialmente atentos a aquellos que sufren:
que nos encuentren siempre disponibles.
Sigue siendo, Señor,
compasivo y misericordioso con nosotros,
para que unidos a María y a José,
a los pastores y a los Magos,
y a todos los que han reconocido
la manifestación de tu presencia,
gocemos un día,
con todos nuestros difuntos,
a quienes no olvidamos,
de la Epifanía definitiva de tu Gloria
En comunión con ellos,
y contemplándote admirados,
te invocamos y aclamamos diciendo:
POR CRISTO, CON EL Y EN EL
A TI, DIOS PADRE OMNIPOTENTE,
EN UNIDAD DEL ESPÍRITU SANTO,
TODO HONOR Y TODA GLORIA,
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS:
AMÉN.
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