¿DICHOSOS?

Es evidente que el “discurso de las Bienaventuranzas” de Jesús no es una invitación al sufrimiento, ni un consejo de resignación o un mero consuelo para todos los que padecen, prometiéndoles una especie de “compensación” en el cielo.

Jesús no soporta ver sufrir a nadie. Y sus palabras, gestos y milagros son, precisamente, para aliviar y “liberar” a las personas necesitadas. La única recomendación que nos hace (y, eso sí, es una recomendación fundamental) es la de no temer las dificultades o limitaciones de nuestra vida, y confiar plenamente en Dios, que nunca nos abandona, y confiar en la bondad de su proyecto con nosotros que, a pesar de toda contrariedad posible, llegará sin duda a plenitud.

Jesús, con sus Bienaventuranzas, lo que quiere es desterrar de nosotros esa mentalidad que afirma que los más favorecidos en este mundo nuestro, lo son precisamente por ser “los preferidos de Dios”, los benditos y dichosos.

Frente a esa forma casi espontánea e instintiva que tenemos de considerar las cosas, él nos revela la profunda verdad de la proximidad y cercanía de Dios, preferente y prioritariamente por los que no pueden gozar de este mundo, por las víctimas (siempre las ha habido y, desgraciadamente, siempre las habrá) de la sociedad y de la historia.

Nadie es bendito y amado por Dios en razón de su bienestar o de lo que tiene; sino, insiste Jesús, porque el Padre es un Dios cercano, compasivo y misericordioso, su prioridad será siempre dirigirse a todos; pero en primer lugar, sin ninguna duda, al más necesitado

Por |2026-11-02T17:44:12+01:00noviembre 2nd, 2026|Comentarios sobre el EVANGELIO DE MATEO, General|Sin comentarios

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