PLEGARIA EUCARÍSTICA -Domingo de Ramos-
Es en verdad justo, Señor, el darte gracias,
porque tu Hijo por nosotros,
como Cordero sin mancha
se entregó a la muerte en la cruz,
ofreciéndose en sacrificio
para rescatarnos y perdonar nuestros pecados.
Asumiendo la fragilidad de nuestra carne,
y manteniéndose fiel hasta el final,
nos reconcilió definitivamente contigo.
Por eso, llenos de alegría,
y unidos a los ángeles y santos, cantamos:
SANTO, SANTO, SANTO…
Esa santidad, ¡Oh Dios!,
a la que nos convocas en tu Hijo Jesucristo,
queremos hacerla nuestra hoy y siempre;
por ello te pedimos que tu Espíritu descienda
santificando este pan y este vino,
memorial de aquella Última Cena,
en que Él hizo de ellos
señal y signo de su eterna presencia entre nosotros.
Y, así, tomando el pan lo partió y dijo:
TOMAD Y COMED…
Y, bendiciendo el vino de aquel cáliz nos urgió diciendo:
TOMAD Y BEBED…
Cristo se entregó por nosotros.
Por tu cruz y tu resurrección
nos has salvado, Señor.
En Jesús, oh Padre,
por la fuerza de tu Espíritu
has recapitulado el universo entero
haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Porque siendo nosotros pecadores
Él murió por nosotros,
y en su resurrección fuimos salvados.
Tras haber anunciado el evangelio
y derramado a raudales su bondad,
soportó la Pasión y la Cruz hasta la entrega total,
para que también nosotros
tuviéramos acceso a la vida.
Y así, reconciliados contigo,
sentimos la presencia del Espíritu Santo,
que ilumina nuestro caminar
y nos abre a vuestro misterio divino.
Fortalece con él, Señor, a esta iglesia tuya
siempre necesitada de tu perdón y tu bondad,
para que nos decidamos sin miedo
a hacer presente tu amor en el mundo
unidos al Papa y a nuestro obispo,
y a todos los que han sido y son
testigos de tu amor.
Que, como Jesús, no tengamos miedo a la cruz;
y que descubramos el gozo de entregar nuestra vida,
de estar siempre disponibles,
de imitar su predilección por los que sufren,
y por todos aquellos que son excluidos,
abandonados u olvidados.
Que no dejemos pasar a nadie a nuestro lado
sin dedicarle una palabra de aliento,
un cuidado delicado y cariñoso,
y un horizonte de esperanza y de bondad.
Y que ese horizonte eterno
en el que sentimos viviendo para siempre
a nuestros difuntos,
y a todas las personas
que ya han cumplido su camino
y su pasión en este mundo,
sea también el de nuestro encuentro definitivo
con ellos y contigo.
POR CRISTO, CON ÉL Y EN ÉL,
A TI DIOS PADRE OMNIPOTENTE,
EN LA UNIDAD DEL ESPÍRITU SANTO,
TODO HONOR Y TODA GLORIA
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN.
Deja tu comentario