UNA DERIVA PELIGROSA 

UNA DERIVA PELIGROSA 

No puede dudarse de que Jesús estaría sorprendido, y que no acabaría de entender la deriva exhibicionista y de propaganda (en el mejor de los casos podría tal vez calificarse de “actitud proselitista”, para evitar suspicacias), en la que parecen empeñados cierto número de esa multitud de grupos y asociaciones que han surgido como hongos en la Iglesia estas últimas décadas, en referencia a actitudes piadosas y ejercicios devotos, más populistas que populares, que siendo indiscutiblemente beneficiosos espiritual ( y sobre todos psicológicamente) para sus devotos, se presentan por ellos con pretensiones de ser los genuinos signos de compromiso de fe, de actitud evangélica y de seguimiento, como el verdadero culto y la solemne reverencia expresiva del homenaje público y supremo a Dios.

Me refiero a entusiastas peregrinaciones, a erección de santuarios, a supuestas apariciones, a reclamo de “milagros”, a convocatorias colectivas con aires de misticismo y cierto ocultismo, a campañas de promoción de “adoración” ininterrumpida, a “dedicaciones” al Corazón de Jesús (o sucedáneos), a llamadas a “santos desagravios”, a uso de las redes para “procesiones virtuales”, a proliferación de gusto por los “testimonios” de conversión sentimentaloides y lacrimógenos, a conciencia de “vocación” y de “ser signo” con un cortejo de rasgos emotivos dignos de estudio, y a un inacabable etcétera que invade espacios eclesiales privados y públicos…

Uno puede tener el defecto de ser en exceso iconoclasta; pero, sin entrar en la valoración teológica y en el tipo de actitud religiosa que suponen, no hay nada en esas actitudes y comportamientos que no sea referible al ámbito exclusivamente personal, sin necesidad de tal exhibición y propaganda, ni de cargar las tintas sobre su supuesta y pretendida (supuesto falso y pretensión engañosa) recomendación y signo probatorio de “compromiso evangélico”.

Como nos muestra el propio Jesús, la auténtica vivencia cristiana ni se exhibe, ni pretende “proselitismo”. La manifestación de la fe y fidelidad a él se hace realidad en la vida transparente y entregada, y el seguimiento es otra cosa: es, con toda sencillez y contundencia, anuncio y convocatoria a eso, no a sentimentalismos y efluvios misticoides gratificantes y emotivos.

El comportamiento servil y el exceso de reverencias, genuflexiones, postraciones y gestos de sumisión, tan “religiosos” ellos, no son cristianos. Nuestros piadosos, protocolarios y exagerados “homenajes” a lo sagrado, son más bien autocomplacencia y contaminación emocional de lo santo, apreciado todavía como “distante y terrible” (es decir, lo opuesto a Jesús y su evangelio).

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe, lleva publicando insistentemente desde hace años notas y advertencias sobre “Falso misticismo y abuso espiritual”, sobre “Experiencias espirituales y presuntas apariciones”, y poniendo en guardia sobre la peligrosa deriva en que se sitúan muchos movimientos y convocatorias, y es significativa la frecuencia con la que ha debido hacerlo; y recientemente los Obispos españoles han llamado también la atención al respecto, relativizando por completo la emotividad de la que están contaminados tales colectivos. Valoremos la advertencia y corrijamos los excesos a los que conduce una actitud piadosa intimista, sentimental , guiada por los mejores deseos pero impregnada de lo emotivo y gratificante; y que no propicia la auténtica madurez en la fe, sino que más bien es obstáculo para ella. Evitemos una deriva innecesaria y peligrosa, cuyos paralelos en la historia de la Iglesia han sido casi siempre lamentables y tristes en sus consecuencias.

Nuestros propios pastores nos han advertido…

Por |2026-07-04T10:17:08+01:00julio 4th, 2026|General|Sin comentarios

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