AÑO NUEVO
Sabernos responsables de aportar paz y fraternidad en el entorno de nuestra persona y de nuestra vida.
Tener presente que probablemente nadie sino nosotros va a ser portador de perdón, de misericordia y de compasión a nuestro alrededor, en el día a día de nuestra existencia.
No dudar de que no hay nada más urgente en nuestro mundo y en nuestra sociedad, que recordar, simplemente con nuestra forma de vivir, la primacía de la verdad, de la responsabilidad y del servicio, para conseguir un mundo justo y digno.
Mostrar, de modo claro e incontestable, nuestra gratitud, nuestra alegría y nuestro entusiasmo por la vida tomada como un regalo a compartir.
Adelantarnos a ofrecernos como bastiones inexpugnables, donde se encontrará siempre comprensión y acogida.
Ser propagadores de un ideal, aparentemente una utopía, que apuesta por un futuro infinito que nos trasciende y nos convoca.
Reconocer nuestros errores, lamentar nuestras miserias; pero renovar siempre agradecidos el perdón y las renovadas oportunidades que la misericordia de Dios y la comprensión e indulgencia de nuestros hermanos nos ofrece.
No escatimar la sonrisa y la alegría. Contagiar, incluso inconsciente y anónimamente, una ternura y una delicadeza a las que nuestra sociedad parece haber renunciado e incluso condenado.
Recomponer el mapa y la geografía de la solidaridad y el compromiso fraterno. Llenar la historia de nuestro paso por el mundo de huellas anónimas que conduzcan al gozo de la fraternidad y a la necesidad de “hacer fiesta del hermano”.
Renovar oraciones y deseos, que no se conforman con una humanidad de decepción y desconsuelo, de frustración y de desánimos, sino que apuntan ilusionadamente a lo más alto.
Sentir que Dios nos sigue convocando, porque la Navidad es eterna, y su futuro ya se nos ha adelantado.
Ser las manos de Dios durante un año, tal vez menos… o más… sin miedo ni rechazo, sin pretensiones ni autocomplacencia, con humildad y respeto; con clara conciencia de nuestra insignificancia e indigencia, pero con la audacia y entusiasmo de intentar ser fieles a ese Cristo, debilidad de Dios, razón de ser del universo creado y de la vida, horizonte infinito al que estamos siempre encarados.
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