EL ÚNICO PORTAVOZ DE DIOS (Lc 9, 28-36)
EL ÚNICO PORTAVOZ DE DIOS (Lc 9, 28-36) -Transfiguración- Las deslumbrantes señas de identidad de Jesús como enviado de Dios y su máximo profeta, con su insobornable e irrevocable decisión de “ir a Jerusalén”, se convierten allí en estigmas de pasión y cruz, en las marcas eternas de la personalidad de Dios cuando ha decidido ser “uno de nosotros”. Subir al monte