CICLO LITÚRGICO C

TRANSFIGURADO (Lc 9, 28-36)

La oración transfigura a Jesús. No podemos saber cómo fue esa experiencia de Pedro, Santiago y Juan, de asomarse al abismo de la divinidad de Jesús; y, sin duda alguna, no supieron percibir su verdadera luz hasta tener la experiencia del Cristo muerto y resucitado. Pero lo que afirman de un modo incontestable, es que no fue un acto de exhibicionismo por

LA TENTACIÓN (Lc 4, 1-13)

Tras su bautismo, Jesús es llevado hasta el desierto. La convocatoria que nos hace Dios por medio del Bautismo, hay que asumirla. Y hay que asumirla sabiendo todo lo que está en juego en nuestra vida si la aceptamos. Es algo que no podemos decidir de forma apresurada o inconsciente, o con la indiferencia y despreocupación con la que tomamos tantas decisiones de

CAPACES DE BONDAD (Lc 6, 39-45)

Mirar al otro siempre con ojos limpios, con ojos de bondad. No caer nunca en la tentación de juzgar lo que nos parecen en él defectos o carencias, sino dirigirnos a él con la actitud indulgente y bondadosa de quien se sabe lleno de imperfecciones y defectos, y de quien es consciente de que si el otro conociera los lados oscuros de

AL ENEMIGO (Lc 6,27-38)

No dudemos de que siguiendo a Jesús tendremos enemigos. Pero no los temamos. No seremos nosotros sus enemigos, sino ellos los nuestros… Porque es justamente el miedo al otro el que crea enemistad entre nosotros. Por eso: que ellos nos teman; pero que teman de nosotros, como de Jesús, nuestra verdad y nuestra bondad, que sea ése y no otro el origen

¿DICHOSOS? (Lc 6, 20-26)

La recompensa es futura, pero la dicha es presente. El sentido de nuestra vida es la esperanza en Dios porque ella nos adelanta el gozo, y no porque nos prometa el fin del sufrimiento. La convocatoria de Jesús no es en el cielo, sino en esta tierra nuestra, en nuestra propia, limitada, mezquina, y tantas veces miserable, realidad. Es nuestra existencia actual

“PERO SI TÚ LO DICES…” (Lc 5, 5)

Pedro lo dice sin tapujos: llevo toda la noche intentándolo, estoy cansado, y está claro que hoy no es día favorable; pero si tú lo dices… Mi jornada, y tal vez todo el mes, o todo el año, han resultado baldíos, he empleado todas mis energías en intentar conseguir salir adelante en mi tarea de ganarme honradamente el pan de cada día;

¿UN RECHAZO INEVITABLE? (Lc 4, 21-30)

Pretender la aprobación de todos, cuando la pretensión de cumplir Dios su promesa la encarna Jesús, el hijo del carpintero, aquel cuya familia es conocida y a quien tenemos por uno más de nosotros, sin ningún rasgo distintivo solemne y deslumbrante, no parece posible. El rechazo de Jesús parece inevitable; parece ser Él mismo quien lo provoca. Los evangelios, a la par

CUMPLIMIENTO (Lc 4,14-21)

Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír (Lc 4,14-21) ¿Que en Jesús se cumpla la promesa de Dios? ¿Qué hacia Él se encaminaba la historia de su pueblo? ¿Qué culmina en él la revelación que comenzó en Adán? ¿Que su persona haga a Dios humano? ¿Que asomarse a sus ojos es descubrir la luz del cielo, y que su voz

HACED LO QUE ÉL OS DIGA (Jn 2,1-11)

Solamente la delicadeza de una madre, solamente el profundo respeto unido a la ternura, llevan a María a decirle a Jesús unas simples palabras, palabras que concentran todo lo que anima su corazón bondadoso: una sensibilidad exquisita ante las dificultades del prójimo, compadeciéndose de él; y el deseo de tenderle la mano desde el anonimato, sin necesidad de que se haga patente

LAS BODAS DE CANÁ

María abre los ojos de su hijo. Jesús se deja abrir los ojos por su madre. Incluso en la autonomía y la independencia del ya adulto, María sigue enseñando a Jesús; Jesús sigue aprendiendo de María, sigue necesitando, como todos, que le abran los ojos, que le señalen su camino. La consecuencia se impone con sorpresa: incluso siendo Dios, es imposible ser