CICLO LITÚRGICO C

LLEGAR A LA VIDA (La Ascensión)

No es “subir al cielo”, sino “llegar a la Vida”; conseguir, por fin, divinizar ese cuerpo, que ya en su materialidad caduca transparentaba la luz de lo divino. Y es, precisamente, el hecho de no haber rehuido hacer a Dios visible en este mundo, a través de los límites inherentes a lo humano, lo que provoca trascenderlos tras la muerte. La Ascensión

SER MORADA DE DIOS (Jn 14, 23-29)

Ser morada de Dios en medio de este mundo y viviendo nuestra propia vida. Aportar con nuestra persona, allí donde estemos, la presencia y compañía del mismo Espíritu Santo, de la misma comunión divina, y convertirnos en lugar de encuentro con Dios para quien está a nuestro lado. Ser el sagrario abierto donde Cristo se hace presente irradiando su luz y su

COMO YO OS HE AMADO (Jn 13, 31-35)

El matiz provocador y escandaloso de la propuesta del evangelio, de la convocatoria de Jesús a constituirse en la comunidad de sus discípulos, no lo da el contenido de lo que nos pide a sus seguidores; sino, por encima de todo, el modo como nos exige llevarlo a cabo. No es tanto el amor, incluso a los enemigos; sino ese como yo

UNIDAD Y COMUNIÓN (Jn 10, 27-30)

El evangelio de Juan no pretende definir dogmas sino transmitirnos una experiencia insólita y revolucionaria, sin duda subversiva: la de haber palpado al mismo Dios en Jesús; y, en consecuencia, haberse visto irremediablemente confrontado con el misterio divino de tal modo, que la vida no podía ya mantenerse en los mismos términos que antes. El impacto de la huella de Jesús era

¿VOLVER A LA NORMALIDAD? (Jn 21, 1-13)

¿Por qué nos cuesta tanto reconocer a Jesús cuando nos sale al paso? ¿Por qué sus propios discípulos no saben reconocer la identidad resucitada de quien ha sido tanto tiempo su Maestro? Solamente queremos reconocer a Dios en nuestras previsiones, por eso nos es tan difícil aceptarlo cuando se presenta de improviso, sin esperarlo. Parece que pillarnos desprevenidos nos incapacita para saber

¿RESUCITADO?: LA DUDA DE TOMÁS (Jn 20, 19-31)

¿Cómo no dudar en principio de la resurrección de Jesús? ¿Hay algún indicio en la historia de tal posibilidad? ¿Acaso puede aportar alguien pruebas concluyentes de la trascendencia?  Para poder creer en la resurrección de Jesús hay que dudar previamente; más aún, hay que estar completamente convencido del fracaso de su vida, de la estrepitosa derrota de la cruz… La única evidencia

DOMINGO DE RAMOS

Mirado desde la perspectiva de lo que sucedió unos días después, la que llamamos Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos más que un triunfo se convierte en una burla… Dejarse llevar por el entusiasmo colectivo no es demasiado difícil. Basta estar rodeado por una muchedumbre vociferante para sentirte casi obligado a gritar tú también y sumar tu voz

LA ÚNICA PIEDRA (Jn 8, 1-11)

Probablemente una sola piedra que alguien se hubiera atrevido a lanzar contra la mujer adúltera habría desencadenado una lluvia de ellas sobre la desdichada pecadora lapidándola sin remedio. Cuántas veces, si no siempre, nuestra cobardía y nuestra maldad, disfrazada de indignación y justicia, solamente está esperando el desencadenante de una señal, una especie de pistoletazo de salida para sacar al exterior, de

EL ESCÁNDALO DEL PERDÓN (Lc 15, 11-32)

Que nadie tenga la más mínima duda: el perdón es una auténtica injusticia. Puede decirse de otra manera: el perdón es una completa provocación. Un escándalo. El desarrollo y el desenlace de la parábola está cantado y no puede sorprender a nadie; la única nota discordante no es la de la actitud del hijo mayor, sino la del padre… y no sólo

LA ÚLTIMA SORPRESA DE DIOS (Lc 13,1-9)

La última sorpresa de Dios en nuestra vida es la del momento de nuestra muerte. Y si casi todas sus sorpresas son desconcertantes y trastocan nuestras previsiones y proyectos, la de la incertidumbre del momento de nuestra muerte nos sume con frecuencia en la desolación y la angustia, en la duda suprema, a veces en la absoluta rebeldía o el lamento inconsolable.