CICLO LITÚRGICO C

EL RECONOCIMIENTO DEL DISCÍPULO (Lc 13, 22-30)

Ni creer en Dios es una mera declaración pública de buenas intenciones, ni seguir a Jesús, aceptar su llamada e integrarse en su discipulado, es una simple expresión de simpatía por su causa o de sentimentalismo dulzón y condescendiente, proclive a las expresiones de compasión o delicadeza. Para formar parte de la familia de Dios, para ser de sus íntimos y sentarse

EVANGELIO Y RUPTURA (Lc 12, 49-53)

Para los primeros cristianos, los del tiempo en que Lucas escribe su evangelio, confesar su fe en el Cristo, en ese Jesús muerto en la cruz y resucitado, y aceptar esa nueva forma de vida cristiana que, como él mismo dice en el libro de los Hechos de los Apóstoles, “ha revolucionado al mundo entero”, suponía en muchos casos una auténtica ruptura

VIVIR EN EXPECTACIÓN (Lc 12, 32-40)

Las reiteradas invitaciones de Jesús a “estar alerta”, y su insistencia en mantener una actitud de vigilancia, son siempre una clara llamada a la lucidez y a la consciencia, animándonos así a considerar nuestra vida como un peregrinaje, como un caminar activo y atento, que nos vaya sumergiendo en Dios y en la espera serena y paciente del momento de su llegada

NI JUEZ NI ÁRBITRO (Lc 12, 13-21)

¿La Justicia como el mayor objetivo de tu vida? ¿La equidad como meta de la convivencia, de la humanidad y de la persona?: Entonces no has comprendido el evangelio de Jesús. El horizonte de Dios no es la justicia, es la bondad. Su propuesta y su meta no es una sociedad justa, sino una comunidad fraterna. Y bien entendido, que no se

PEDIR, BUSCAR, LLAMAR… (Lc 11, 1-13)

La oración es tema recurrente en el evangelio de Lucas, y el evangelista nos la presenta, en el contexto del camino definitivo de Jesús a Jerusalén, desde una perspectiva integral: orar como necesidad, como identidad de discípulo, como signo y elemento imprescindible de seguimiento y de comunión, como confesión de impotencia personal y de alegría por compartir lo más profundo, lo que

MARTA Y MARÍA (Lc 10, 38-42)

La tan repetida aplicación de la escena evangélica de Marta y María a las dos supuestas “vías”, la contemplativa y la activa; tal y como insisten teólogos, investigadores y exegetas del Nuevo Testamento, no tiene ningún fundamento ni está justificada por el texto evangélico. Ni existían en tiempos de Jesús “órdenes contemplativas”, surgidas, como es obvio, tras varios siglos de historia de

¿PRÓJIMO?: AQUÍ Y AHORA (Lc 10, 25-37)

Sin saber lo que ha pasado. Sin preguntar de quién se trata y si es persona recomendable. Sin sospechar una trampa o una encerrona. Sin tomar precauciones o esperar refuerzos. Sin ni siquiera comprobar si los recursos propios son suficientes o si faltar a la cita a la que acudía apresuradamente puede tener consecuencias importantes, o incluso crearle desventajas o problemas innecesarios…

DEPENDENCIA Y ANUNCIO (Lc 10, 1-15)

Experimentar nuestra dependencia de los demás. Saber que necesitamos al prójimo y que, por mucho que poseamos, no nos bastamos a nosotros mismos. Sólo quien percibe que su vida está en manos de los demás por decisión propia, quien voluntariamente se desprende de todo para arriesgarse en su entrega a la misión de ser portador de Dios, puede descubrir toda la profundidad

¿SEGUIRLE? (Lc 9, 51-62)

¿Seguir a Jesús? ¿Decir “sí” a su llamada? ¿Quién se atreve a estar tan loco…? ¿Tener la poca cordura y sensatez que muestra Él y vivir como Él lo hace? ¿Es que una persona en sus cabales se lo puede proponer? Sobre todo después del doble rechazo: el de los demás y el suyo propio. Todo parece absurdo o fruto de la

PENTECOSTÉS

Vivir Pentecostés es para los seguidores de Jesús tener la experiencia decisiva de Dios, diríamos que por fin completa, no limitada a la exclusiva y desconcertante persona del Jesús terreno; experiencia que marca nuestra vida de un modo definitivo, y que vive la comunidad de los discípulos como ya inevitable y definitiva, punto de partida de un compromiso ineludible desde ahora para