LO QUE SABEMOS DE DIOS
Llevados por la conciencia de nuestra pequeñez y de nuestras limitaciones como criaturas finitas y mortales que somos, tendemos a considerar casi siempre a Dios con la admiración que suscita en nosotros el misterio de su infinitud incomprensible; por eso, casi siempre, lo que hacemos ante él es enmudecer y afirmar, simplemente, su incognoscibilidad y nuestra impotencia, resumidas en el famoso dicho