MIEDO A PREGUNTAR (Mc 9, 30-37)
MIEDO A PREGUNTAR (Mc 9, 30-37) Si pretendemos una vida satisfecha y “controlada”, con pocos problemas y autocomplacencia; entonces, lo más “prudente” respecto a Dios es no preguntar… Porque, si lo hacemos, de su respuesta puede surgir la necesidad de asumir un compromiso ineludible…, o puede proponernos un desafío de tal envergadura, que nos resulte insoportable y nos lleve a vernos obligado