Comentarios sobre el EVANGELIO DE LUCAS

NI VIUDAS NI JUECES; NI JUECES NI VIUDAS        (Lc 18, 1-8)

NI VIUDAS NI JUECES; NI JUECES NI VIUDAS   (Lc 18, 1-8) En la aplicación de la parábola del juez inicuo, que pone Lucas en boca de Jesús, la intención está expresada sin duda posible: se nos pide respecto a nuestra oración la insistencia y constancia de la viuda “para no desfallecer nunca”. Pero, como en la mayoría de las parábolas, e incluso

¿DÓNDE ESTÁ EL”MILAGRO”?  (Lc 17, 11-19)

¿DÓNDE ESTÁ EL”MILAGRO”?  (Lc 17, 11-19) Que a estas alturas del evangelio, cuando Jesús, según Lucas, está ya consumando su vida con su último y definitivo viaje a Jerusalén, haya personas que solicitan de él un gesto extraordinario o una curación milagrosa, no es  nada sorprendente. Su vida es pública y transparente, sus gestos y exorcismos famosos e indiscriminados, toda clase de

CONFIANZA ABSOLUTA (Lc 17, 5-10)

CONFIANZA ABSOLUTA (Lc 17, 5-10) El que tiene verdaderamente fe en Dios no la mide. Ni le pasa por la cabeza que su absoluta confianza en el misterio divino, y en su Providencia que dirige y acompaña enigmática y asombrosamente su vida dotándola de plenitud de sentido, de la más profunda serenidad, de una real y verdadera consideración gozosa de bendición, de

EL RICO IRREMEDIABLE  (Lc 16, 19-31)

EL RICO IRREMEDIABLE  (Lc 16, 19-31) Después de las tajantes y contundentes palabras de Jesús sobre la imposibilidad absoluta “de servir a Dios y al dinero”, motivo de escepticismo y hasta de burla irónica por parte precisamente de las ricas y privilegiadas autoridades, nos presenta el evangelio de Lucas la parábola del rico y Lázaro como ilustración palmaria de lo que dice.

¿ASTUCIA NUESTRA? ¿O IRONÍA DE DIOS? (Lc 16, 1-13)

Siempre nos resulta incómoda esta parábola de Jesús. Dicen que tradicionalmente ha sido, y parece que sigue siendo, la más oscura de interpretar, por lo difícil que parece a primera vista encajarla en el contexto de su enseñanza, orientada siempre a la generosidad, al desprendimiento, a la delicadeza y la bondad. De hecho Lucas la sitúa inmediatamente después de sus “parábolas de

ADMINISTRADORES DE  NUESTRA VIDA  (Lc 16, 1-13)

ADMINISTRADORES DE  NUESTRA VIDA  (Lc 16, 1-13) Ninguno de nosotros “se ha ganado” su propia vida. Nadie puede considerarse el propietario absoluto de su persona, cuyo origen y destino se sitúan en el profundo misterio de la realidad de este mundo y su sentido. Desde nuestro punto de vista como creyentes, el gran regalo de Dios para cada persona es, justamente, su

OCASIÓN DE PERDÓN  (Lc 15, 1-10)

OCASIÓN DE PERDÓN  (Lc 15, 1-10) La alegría de recobrar la oveja extraviada o la moneda perdida no es humana. Jesús nos dice que es la alegría del propio Dios Padre (“el Inmutable” decimos equivocadamente nosotros), que no puede contener su gozo ante cualquier “perdido” que se deja salvar, que se deja encontrar por su Hijo, cuya única obsesión cuando vive entre

¿CAMINAR HACIA JERUSALÉN?:  INCOMPRENSIÓN FORZOSA… (Lc 14, 25-33)

¿CAMINAR HACIA JERUSALÉN?:  INCOMPRENSIÓN FORZOSA… (Lc 14, 25-33) Cuando en el itinerario final de su vida (tal como nos lo presenta san Lucas desde su capítulo 9), Jesús habla a los suyos exponiéndoles lo que solemos llamar “las exigencias del seguimiento”, podemos decir que las incisivas y sorprendentes palabras suyas (odiar a la familia, odiarse a sí mismo, cargar la propia cruz,

HUMILDAD Y GRATUIDAD  (Lc 14, 7-14)

HUMILDAD Y GRATUIDAD  (Lc 14, 7-14) Como Dios convoca a todos, indiscriminadamente, Jesús tiene palabras para todos, independientemente de su condición y del lugar en que se encuentren en cada momento de su vida. Y sus palabras siempre sorprendentes e inesperadas nos resultan provocadoras por varios motivos. Primero, y sobre todo, porque su voluntad de verdad y su amor a nuestra persona

LAS CREDENCIALES DEL DISCÍPULO   (Lc 13, 22-30)

LAS CREDENCIALES DEL DISCÍPULO   (Lc 13, 22-30) Al Reino de Dios estamos todos convocados. La voluntad de salvación de Dios es universal. Pero eso no significa que uno pueda incorporarse a él alegre y descuidadamente, sin necesidad de exhibir las credenciales pertinentes que atestigüen el compromiso adquirido en el seguimiento de Jesús, y cuyos signos visibles son los propios “estigmas suyos”, las