¿Rescatar la utopía?
El misterio de Dios solamente podemos ubicarlo en la utopía; es decir, en la aparente contradicción y en lo imposible. Lo profundo de lo humano y de la vida, lo único que merece tal nombre y nos inquieta, está más allá de nosotros mismos y de nuestra inevitable incapacidad y torpeza por conseguirlo; y, sin embargo, se nos ha hecho accesible a través de la vida de Jesús, el Cristo, el Evangelio cristiano. Si no rescatamos la utopía de la cruz desde su necedad y escándalo, ni seremos fieles a su llamada, ni descubriremos el horizonte al que nos convoca.
Últimas entradas
PLEGARIA EUCARÍSTICA -Domingo de Ramos-
PLEGARIA EUCARÍSTICA -Domingo de Ramos- Es en verdad justo, Señor, el darte gracias, porque tu Hijo por nosotros, como Cordero sin mancha se entregó a la muerte en la cruz, ofreciéndose en sacrificio para rescatarnos y perdonar nuestros pecados. Asumiendo
PROHIBIDO JUZGAR (Jn 8, 1-11)
PROHIBIDO JUZGAR (Jn 8, 1-11) Tal vez el cambio más radical que postula el evangelio de Jesús es el que afecta al status del sacerdote en el seno de la tradición del pueblo judío, y en general, de cualquier otra
INSENSIBILIDAD (Lc 15, 1-32)
INSENSIBILIDAD (Lc 15, 1-32) Hay una voluntad de emancipación e independencia que es egoísmo puro y pura soberbia; y hay también un inmovilismo y pasividad, una “permanencia en casa” que es comodidad e instalación cobarde e interesada, tacaña, y que
¿ACASO HAY ALGUIEN INOCENTE? (Lc 13, 1-9)
¿ACASO HAY ALGUIEN INOCENTE? (Lc 13, 1-9) Hoy en día todos tenemos claro que los acontecimientos desafortunados o las situaciones de desgracia o sufrimiento no constituyen un castigo divino ni suponen la culpabilidad y condena de las personas que los
OJOS PARA VER A DIOS (Lc 9, 28-36)
OJOS PARA VER A DIOS (Lc 9, 28-36) La revelación de Dios es siempre en perspectiva de futuro, porque su proyecto creador es una oferta salvífica, una plenitud de vida a la que nos convoca desde la libertad. Por eso,
PRETENDER SER OTRO (Lc4, 1-13)
PRETENDER SER OTRO (Lc4, 1-13) El evangelio de s. Lucas nos dice que los cuarenta días de ayuno de Jesús en el desierto, previos al inicio de su vida pública proclamando el evangelio, los condujo “impulsado por el Espíritu Santo”;