EL CAPRICHO DE DIOS
El capricho de Dios eres tú. Pero Dios no es caprichoso. Y el capricho de Dios eres tú, aunque Dios no sea caprichoso, porque Él, sin embargo, se ha encaprichado contigo. ¿Acaso no ves cómo te cuida? ¿Acaso no percibes su mirada cariñosa que sigue tus pasos y está pendiente de todos tus gestos y de cada instante de tu jornada? ¿O