LA ÚNICA PIEDRA (Jn 8, 1-11)
Probablemente una sola piedra que alguien se hubiera atrevido a lanzar contra la mujer adúltera habría desencadenado una lluvia de ellas sobre la desdichada pecadora lapidándola sin remedio. Cuántas veces, si no siempre, nuestra cobardía y nuestra maldad, disfrazada de indignación y justicia, solamente está esperando el desencadenante de una señal, una especie de pistoletazo de salida para sacar al exterior, de