Salmo 130
Señor, mi corazón no es ambicioso,ni mis ojos altaneros;no pretendo grandezasque superan mi capacidad;sino que acallo y modero mis deseos,como un niño en brazos de su madre.Espere Israel en el Señorahora y por siempre. Salmo 130
Señor, mi corazón no es ambicioso,ni mis ojos altaneros;no pretendo grandezasque superan mi capacidad;sino que acallo y modero mis deseos,como un niño en brazos de su madre.Espere Israel en el Señorahora y por siempre. Salmo 130
Aunque sin ninguna duda encontrarás más de un pretexto, y podrás esgrimir argumentos y razones de sobra para justificarlo, sabes que en el fondo no tienes ningún motivo real para sentirte desilusionado o para consentir que en tu vida cristiana cunda el desánimo o la tristeza. ¿Acaso Alguien te engañó prometiéndote el éxito, o simplemente diciéndote que el seguirle iba a proporcionarte
Si el teólogo Heinz Schürmann acuñó la expresión de pro-existencia para definir la forma de vivir Jesús su vida, siempre abierta a los demás, jamás reservada para Él, y aportando a nuestra realidad humana el soplo y la vida divina; nosotros podemos extraer de ella todo lo que implica: disponibilidad, acompañamiento, cercanía. Disponibilidad. Porque estar disponible constituye el absoluto contraste con nuestra
No es “subir al cielo”, sino “llegar a la Vida”; conseguir, por fin, divinizar ese cuerpo, que ya en su materialidad caduca transparentaba la luz de lo divino. Y es, precisamente, el hecho de no haber rehuido hacer a Dios visible en este mundo, a través de los límites inherentes a lo humano, lo que provoca trascenderlos tras la muerte. La Ascensión