Sirácida 34, 14-17
El que teme al Señor nada temerá;no se desalentará,porque Él es su esperanza.Dichosa el alma del que teme al Señor. Los ojos del Señor se posansobre quienes lo aman:son poderosa protección y fuerte apoyo;abrigo contra el viento abrasadory sombra contra el calor del mediodía.Él es guarda contra el tropiezoy auxilio contra la caída. Él levanta el alma y da luz a los