Comentarios sobre el EVANGELIO DE JUAN

LO QUE DIOS NO PUEDE… (Jn 11, 1-45)

LO QUE DIOS NO PUEDE… (Jn 11 1-45) Aunque nadie duda de que “el milagro de la resurrección de Lázaro”, tal como nos lo cuenta san Juan, sea una fantasiosa y “dramática” construcción del evangelista, llevada al colmo de la exageración; tampoco duda nadie de su evidente intención con tal narración: ese Jesús, al que se quiere matar, es “el dueño de la vida” y

PREFERIR LAS TINIEBLAS (Jn 9, 1-41)

PREFERIR LAS TINIEBLAS (Jn 9, 1-41) Juan, el evangelista, con su relato del milagro del ciego de nacimiento, quiere ser ilustrador y clarificador hasta el extremo: abrir los ojos a Dios, dejarse iluminar por Jesús que nos sale al paso, recobrar gracias a Él nuestra vida y nuestra persona que se nos iba escapando a causa de nuestra ceguera, lejos de aportarnos

JESÚS, “UN PROVOCADOR”… (Jn 4,3-43)

JESÚS, “UN PROVOCADOR”… (Jn 4,3-43) Dejando al margen los detalles concretos del encuentro de Jesús con la samaritana y las circunstancias que el evangelista quisiera acentuar con el relato, el hecho fundamental y destacable desde el primer momento es la actitud claramente provocadora y casi desafiante de Jesús, en principio desconcertante (como le ocurre a la samaritana); y además en claro contraste

CON HUMILDAD Y SENCILLEZ (Jn1, 29-34)

CON HUMILDAD Y SENCILLEZ  (Jn 1, 19-23) Sencillo y directo. Cada vez que, por un motivo u otro, nos aturde la sospecha de que el seguimiento de Jesús y la integración en lo que debe ser su comunidad de discípulos está llena de agobios, dificultades y complicaciones; o de que se trata de una maraña de obligaciones y compromisos concretos, de sometimientos

CANSADO DE NUESTRAS PALABRAS (Jn 1, 1-18)

Dios está cansado de nuestras palabras. Está cansado de las palabras orgullosas de Pedro (todos somos Pedros), que le promete todo con petulancia y luego le traiciona. Cansado de las palabras traidoras de Judas (todos somos Judas), que le entrega a la muerte defraudado y con desespero. Cansado de las repetidas promesas de fidelidad personal nunca mantenidas. Cansado de dos mil años

SER MORADA DE DIOS (Jn 14, 23-29)

Ser morada de Dios en medio de este mundo y viviendo nuestra propia vida. Aportar con nuestra persona, allí donde estemos, la presencia y compañía del mismo Espíritu Santo, de la misma comunión divina, y convertirnos en lugar de encuentro con Dios para quien está a nuestro lado. Ser el sagrario abierto donde Cristo se hace presente irradiando su luz y su

COMO YO OS HE AMADO (Jn 13, 31-35)

El matiz provocador y escandaloso de la propuesta del evangelio, de la convocatoria de Jesús a constituirse en la comunidad de sus discípulos, no lo da el contenido de lo que nos pide a sus seguidores; sino, por encima de todo, el modo como nos exige llevarlo a cabo. No es tanto el amor, incluso a los enemigos; sino ese como yo

UNIDAD Y COMUNIÓN (Jn 10, 27-30)

El evangelio de Juan no pretende definir dogmas sino transmitirnos una experiencia insólita y revolucionaria, sin duda subversiva: la de haber palpado al mismo Dios en Jesús; y, en consecuencia, haberse visto irremediablemente confrontado con el misterio divino de tal modo, que la vida no podía ya mantenerse en los mismos términos que antes. El impacto de la huella de Jesús era

¿VOLVER A LA NORMALIDAD? (Jn 21, 1-13)

¿Por qué nos cuesta tanto reconocer a Jesús cuando nos sale al paso? ¿Por qué sus propios discípulos no saben reconocer la identidad resucitada de quien ha sido tanto tiempo su Maestro? Solamente queremos reconocer a Dios en nuestras previsiones, por eso nos es tan difícil aceptarlo cuando se presenta de improviso, sin esperarlo. Parece que pillarnos desprevenidos nos incapacita para saber

¿RESUCITADO?: LA DUDA DE TOMÁS (Jn 20, 19-31)

¿Cómo no dudar en principio de la resurrección de Jesús? ¿Hay algún indicio en la historia de tal posibilidad? ¿Acaso puede aportar alguien pruebas concluyentes de la trascendencia?  Para poder creer en la resurrección de Jesús hay que dudar previamente; más aún, hay que estar completamente convencido del fracaso de su vida, de la estrepitosa derrota de la cruz… La única evidencia