CICLO LITÚRGICO C

¿MONARQUÍA O REPÚBLICA? (Lc 23, 35-43)

No sabemos si Jesús era más partidario de la monarquía judía que de la república romana, pero lo que hace constar de forma irrebatible es su absoluto rechazo al ejercicio del poder en cualquier modo y su exigencia a los discípulos de entender las relaciones humanas como ocasión de servicio a los demás, de renuncia a la promoción de uno mismo, y

UN TEMPLO CADUCO E INNECESARIO (Lc 21,5-19)

Lo más grandioso y sagrado que podamos construir los hombres tiene los días contados. Podemos dedicar ímprobos esfuerzos, años interminables y trabajos y medios descomunales para levantar arquitecturas faraónicas, remover tierras, cambiar el paisaje, desplazar rocas y asentar sillares edificando obras memorables; podemos extasiarnos ante la hermosura y belleza de nuestras increíbles obras de arte, proteger y cuidar hasta el extremo de

¿VIDA ETERNA? ¿PARA QUÉ? (Lc 20, 27-38)

Según los testimonios de la época, parece ser que los saduceos, como muchos otros devotos de ayer y de hoy, no se inquietaban mucho por “la resurrección de los muertos” y “la vida eterna”. Bien instalados como estaban en este mundo, ocupando los puestos destacados y gozando de todas las ventajas aquí en la tierra, preferían relegar el  supuesto de un futuro

EXPECTACIÓN ¿Y DECEPCIÓN? (Lc 19, 1-10)

A ninguno de los habitantes de Jericó podía pasarle por la cabeza, cuando Jesús llega a su ciudad, camino de Jerusalén (según lo narra Lucas), tras la expectación despertada por su persona, el júbilo con el que es recibido, y el entusiasmo que han provocado las curaciones milagrosas que ha hecho a su entrada, que no vaya a detenerse allí a pasar

¿A QUIÉN? ¿CÓMO? ¿PARA QUÉ REZAS?… PERO, ¿QUÉ REZAS? (Lc 18, 9-14)

¿A quién miras y hacia quién diriges tu discurso? ¿A Dios? ¿Y cómo le hablas a Dios? ¿Con altivez? ¿Y para qué? ¿Para que te llene de elogios y sea Él quien se sienta agradecido por tus palabras y tu pretendido servicio autoproclamado? ¡Qué lejos estás de Él! ¡Qué pérdida de tiempo tu oración, tu religiosidad, tu pretendida piedad y devoción!... ¿A

¿RIESGO NECESARIO O RESIGNACIÓN VICTIMISTA? (Lc 18,1-8)

Presentar la actitud de la pobre viuda ante el juez injusto como modelo de constancia y de coraje, de paciencia y de confianza; al no reducirse a la resignación, al lamento victimista, a la renuncia casi forzosa, dada la indiferencia del todopoderoso juez, y a la más que justificada desesperación y abandono ante la completa impotencia, es algo obvio. Pero hay en

¿VIVIR O “VEGETAR”? (Lc 17, 11-19)

Aunque no solemos razonarlo así, sin embargo, vivir una vida sin riesgos ni problemas, sin amenazas ni inseguridades, no es una vida “humana”. Ni tan siquiera es una vida “animal”. Una vida en la seguridad, la quietud, la pasividad y el conformismo, es una vida “vegetal”… Porque la “vegetal” es vida, sí, hay cambio y dinamismo, pero en la dejadez y la

¿CÓMO DICES? ¿AUMENTAR LA FE?(Lc 17,5-10)

Quien, como los discípulos, se dirija a Jesús pidiéndole un aumento de fe, es que no ha entendido absolutamente nada de lo que Él anuncia. El evangelio para él está en mantillas… ¿Cómo considerar nuestra actitud ante Dios como  una cuestión de “cantidad”? Por eso la respuesta de Jesús aparentemente se sale del marco en el que la sitúan los discípulos: basta

¿QUIÉN SE LLAMA LÁZARO? (Lc 16, 19-31)

Todo son contrastes en esta singular parábola. Y el resumen, casi sarcástico, de todos los contrastes lo constituye el propio nombre del protagonista alrededor del cual, desde el silencio y como permaneciendo siempre en la sombra, gira todo el relato; aunque sea el diálogo con “el rico” lo enjundioso y digno de atención, el auténtico meollo y la clave de ella. Es

¿ASTUCIA NUESTRA? ¿O IRONÍA DE DIOS? (Lc 16, 1-13)

Siempre nos resulta incómoda esta parábola de Jesús. Dicen que tradicionalmente ha sido, y parece que sigue siendo, la más oscura de interpretar, por lo difícil que parece a primera vista encajarla en el contexto de su enseñanza, orientada siempre a la generosidad, al desprendimiento, a la delicadeza y la bondad. De hecho Lucas la sitúa inmediatamente después de sus “parábolas de