SOBRAN LAS PREGUNTAS
¿Por qué inquietarme, Señor,
por tantos cuántos, porqués,
cómos y cuándos;
si tú me has dado tu palabra,
y tu promesa segura
está más allá de mis cálculos?
¿Por qué seguir siempre preguntando,
y alimentar inquietudes,
crear dudas,
andar con recelos y temores,
y sentirse tantas veces desdichado?
Pero, ¡si basta una cosa!:
mirarte agradecido
y seguir confiando…
A quien te sigue de cerca,
al que llevas de la mano,
le sobran las preguntas,
le bastan tus pasos…
Deja tu comentario