INCONSECUENCIA Y COBARDÍA (Mt 25, 14-30)

INCONSECUENCIA Y COBARDÍA (Mt 25, 14-30)

Es evidente que la atención de la parábola que llamamos “de los talentos” en la versión de Mateo (“de las minas” en su versión lucana), está dirigida y concentrada en el tercer “siervo”, al que su señor confía un solo “talento”; y que lo está no por destacar la cantidad, sino la actitud del sujeto, en contraste con la que muestran los otros dos siervos con sus diferentes montantes en depósito.

El referente parece ser, más que Dios, el propio Jesús, que “se ausentará” de nuestra tierra dejándonos una “misión” que cumplir, para la cual nos ha preparado con su evangelio y nos ha dotado con su ejemplo, su evangelio, su cercanía y acompañamiento “contagioso”, y con la efusión de su “espíritu”. La cantidad y características de los talentos repartidos y confiados a cada uno es indiferente y sin importancia; lo importante es la tarea. Con ellos (sean más o menos, cada uno tiene su propia personalidad y sus capacidades específicas e intransferibles), se nos convoca a una aventura apasionante y exigente: no tanto la de “ser rentables” (¡siempre tendemos a interpretaciones monetarias y materiales!); como la de “dar fruto”, en lo que significa de entregarse a “los trabajos del evangelio” y arriesgarnos en un compromiso de futuro cuya plenitud se inaugurará definitivamente con un regreso prometido y que no requerirá de nosotros más que la manifestación y la evidencia de lo que hemos vivido, de aquello a lo que hemos dedicado nuestra actividad y nuestro esfuerzo, cuidando y acompañando sin miedo el crecimiento siempre arriesgado, pero nunca angustioso ni temible o paralizador, de la semilla confiada a nuestro cuidado con la propia vida acogida de un modo consciente, feliz, agradecido, activo e ilusionante, independientemente de nuestras “capacidades” y siempre susceptible de enriquecer y ayudar a crecer a los miles, cientos, docenas o simples unidades de personas entre las que vivamos cada uno de nosotros…

Es manifiesta la mezquindad y el conformismo “culpable” del tercer siervo… En lugar del riesgo del crecimiento y la aventura apasionante y arriesgada de un futuro fértil y de promesa, opta por la esterilidad de un presente clausurado. O dicho de otra manera: ¿la decisión del aquí y ahora de nuestra vida nos lleva a abrir un futuro de esperanza y de ilusión, o nos conduce a clausurar y dar como definitivo un pasado cerrándose ahí nuestro horizonte?:

        “Tomar la voluntad de Dios en serio significa orientarse con valor hacia las posibilidades abiertas de su futuro, y no con miedo a la realidad del presente…

                                               (Ulrich LUZ)

Pero al margen de las variadas y coincidentes o distintas interpretaciones de esta conocida parábola a lo largo de la historia, aplicándola a Dios Padre o al propio Jesús, a los dones o carismas de cada uno, a la Parusía y a la retribución o al Juicio… yo creo que lo decisivo de ella es, como apuntan algunos de sus comentaristas, la estupidez o necedad, que se traduce en indolencia y mala voluntad, en descaro insolente y auténtico suicidio (o “autocondena”) de ese tercer siervo… No se trata ya de su propia inconsecuencia, tal como le reprocha y echa en cara su amo: …“¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco…”; sino, por encima de todo, la verdadera cuestión es que su miedo y negligencia son a la vez causa y efecto de su absoluta incapacidad para mostrar comprensión y cariño hacia su amo. ¡No conoce a su Señor!  No es capaz de percibir la delicadez, bondad y confianza de su trato y de su total y entrañable disposición a “ponerse en sus manos” al hacerlos depositarios sin condiciones de sus bienes, mostrando hacia ellos una actitud más de padre que de señor exigente y despiadado… Es el empleado miedoso y holgazán quien se ha forjado la falsa personalidad de su amo, atribuyéndole un rigor que nunca les ha mostrado; puesto que, muy al contrario, se propone partir dejándoles a ellos la responsabilidad de sus bienes sin ponerles ninguna condición ni exigirles previamente resultados. ¿Es que realmente es un déspota y un tirano, cruel e intransigente hasta el punto de provocar terror a su paso?… solamente a él se lo parece…

Hay, pues, una seria palabra de advertencia respecto a cómo miramos y “comprendemos” a Dios, respecto a la forma en que integramos y experimentamos nuestra fe en el curso de nuestra vida y en qué perspectiva la situamos: en la de un horizonte de futuro abierto y generoso, de dinamismo esperanzador y de promesas; o en la de una actitud mezquina y chata, de lamentos y temores, de conformismo paralizante, y de “espera resignada” (no de esperanza) conducente a la holgazanería, al tedio y a una falsa realidad.

“¿Quién te ha dicho que tu Señor es un explotador injusto o un implacable prestamista sin piedad?”… Ninguno de los otros parece haberlo visto así, y les podemos suponer ilusionados y presurosos por hacerse dignos de la confianza en ellos depositada… Pero la imagen que tú te crees de Dios para justificar tu indolencia, tu miedo a la supuesta “inseguridad” y riesgo de la vida, tu acomodamiento e “instalación” o tus inconsecuencias y espejismos, es la que te puede llevar a condenarte

Un comentario

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