NECESARIOS E IMPRESCINDIBLES

NECESARIOS E IMPRESCINDIBLES (A modo de complemento del que titulé «Algo necesario»)

Mi amigo Jesús, al que siento cercano y como de la familia desde hace muchos años, se encuentra desde hace unos meses en el desierto, al sur de Argelia, cumpliendo un deseo tal vez algo romántico, pero exigente y serio, de soledad y de silencio, como de experiencia de pequeñez y de servicio callado, de absoluta disponibilidad, sin previsión alguna y sin pretender nada, sino simplemente convivir de modo abierto y transparente, con plena clarividencia y consciencia de cuán insignificantes somos y de que la vida no se trata tanto de nuestros programas y proyectos, cuanto de liberarnos de dependencias y esclavitudes, más o menos queridas o soportadas, pero que nos alejan de nuestra propia identidad y nos metamorfosean en simples individuos indiferenciables de una colmena humana que nos atrapa pegajosa y nos hunde sin remedio aparente en su vergonzosa red de intereses, ambiciones y rivalidades.

Él sabe perfectamente que es un privilegiado por haber podido encontrar un lugar de lucidez y de sosiego sin necesidad de huir de nada ni de nadie, y  con toda sencillez tener la ocasión de ser él mismo, con todas sus inquietudes y contradicciones, con sus errores y aciertos; y, sobre todo, sabiendo que estos meses, que sin duda no serán lo que había imaginado y estarán ya a estas alturas llenos de momentos difíciles y otros dichosísimos, de sensaciones encontradas, quizás hasta de decepciones, desencanto y tentación de abandono o de tristeza por la impotencia e incluso por el lujo de haber podido cumplir su sueño, cuando tantas personas no pueden ni siquiera reposar su cansancio o cumplir un deseo; estos meses, digo, serán de los más enriquecedores de su vida, y además de inolvidables le ayudarán a ser realmente ese Jesús que debe ser, él mismo en su identidad profunda, su auténtica persona.

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Mi querida amiga María, cuyo contacto diario desde hace un tiempo ha forjado más que una amistad un aire inconfundible de confianza y de familia, y  a la que voy a echar de menos los próximos meses; con Toni, su marido, y sus dos remolinos de hijos, viven un día a día sin descanso pero sin angustia ni tristeza, descubriendo con alegría no exenta de las dificultades e incomodidades de la lucha cotidiana, la aventura apasionante de gozar de ese desafío que constituye compartir y convivir, construyendo con paciencia y con un esfuerzo a veces agotador, y que con toda seguridad en ocasiones les pone al límite de sus fuerzas, un hogar envidiable, una familia en la que cada uno de ellos es considerado por los demás como un regalo, y donde el respeto del otro, por niño travieso que sea, es la base de la confianza, del cariño y de la alegría compartida.

En las antípodas de la soledad y la quietud del desierto no dejan, sin embargo, de conocer también la pequeñez e insignificancia de nuestras personas; y desde ese día a día en apariencia rutinario y monótono, pero colmado de actividad y dinamismo hasta el agotamiento, descubren esa felicidad profunda y serena que no necesita de exageraciones ni aspavientos para expresar su asombro y su agradecimiento por esa vida compartida y llevada costosamente adelante entre caricias y sonrisas, con amabilidad y dulzura, destilando cariño y sintiéndose libres, y consiguiendo que cada día sea una nueva oportunidad, un apasionante desafío, y una experiencia de felicidad auténtica.

Conseguir que su hogar sea un remanso de paz y de dulzura, un oasis de comprensión, de sonrisas y de ternura, les pondrá a veces al límite de sus fuerzas exigiéndoles un gran desgaste; pero, tal como le ocurre a Jesús en el contraste del desierto, se sienten y se saben enriquecidos por ello de tal manera, que son una puerta abierta a la esperanza y una invitación a la confianza, acogedores y cómplices de un modo sencillo, discreto pero rebosante de alegría y de ilusión. También ellos saben que es precisamente esa aventura diaria y esa conciencia de pequeñez y de necesidad mutua, como entrega y como regalo, lo que les hace posible llegar a ser quienes son, fortaleciendo y animando su libre identidad, enriqueciendo mutuamente sus personas.

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Un sorprendente grupo de jóvenes, citaré sólo a Emma y María, inquietos y dinámicos en una realidad rural marginada y sin aparentes perspectivas, pudiendo ser incluso nietos míos, se han convertido durante muchos meses en “compañeros de viaje” por la vida; y con una paciencia y un cariño inesperados por mí, han abierto los ojos sin miedo y también sin falsas ilusiones ni ingenuidades, al desafío de su auténtico futuro como personas: no el de los señuelos y las trampas que nos ofrece el mercado, sino el de lo real y exigente de la vida, el de “las complicaciones” de reconocer el valor y la necesidad del prójimo, no tomarlo nunca como rival, enemigo, o simple objeto; y poner en el horizonte de sus aspiraciones e inquietudes esa doble actitud de apertura y entrega servicial por un lado, y de receptividad y necesidad de los demás por otro, como única forma de poder crecer uno mismo. Con una madurez incipiente y prometedora, percibiendo con claridad su insignificancia, no dudan de la mutua dependencia y de que no hay posibilidad de enriquecimiento si no se tiene conciencia de lo prescindibles que somos; y son bien conscientes en su vida recién inaugurada, de que no podremos llegar a nosotros mismos sin los otros.

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Me he querido referir a Jesús, a María, a Emma y María… porque la vida se nos va escapando de las manos, y de un modo imperceptible muchas veces dejamos de decir, de decirnos, lo más importante y lo que precisamente nos ha hecho llegar a ser quienes somos, siempre en proceso, colmándonos de sentido, de ilusión y confianza, de presente y de futuro… Yo, sin ellos no sería el mismo. Tampoco lo sería sin Vanessa, Nieves y Vicente, cuya infancia se introdujo en mi vida y los convirtió casi en hijos; ni sin Amparo, ni Patricia; ni sin Ramón, Mª Hélène o Marisa (junto a otro Jesús, que ya partió, nos contagiamos juntos de África en el Congo)… ¡sois tantos!… No podría haber llegado a ser ese yo mismo, todavía en camino y con necesidad de ser siempre acompañado y enriquecido más allá de la presencia y del instante… y siento que yo también camino con ellos, imperceptiblemente a su lado… por eso la distancia nunca es obstáculo.

Y, por supuesto, digo esto mismo y de modo preferente e inexpresable en toda su plenitud, respecto a mi familia: a mis increíbles hermanas y hermano, y los suyos (también míos…), a mis sobrinos e incluso sus hijos en sus cortos años… desde Lupe (la más “vieja”) hasta Ona (el último bebé) están integrados en mi día a día… No sería yo, no podría ser yo sin ellos. Y no digamos, con mayor motivo y desde la presencia del misterio de la muerte, mis padres, cuya talla humana nunca alcanzaremos sus herederos, caminan conmigo enriqueciéndome día a día, y me hacen sonreír al tiempo que me contagian serenidad, paciencia, y una dulzura exquisita…todavía hoy no sé caminar sin ellos… no aprenderé nunca a hacerlo…

Sin embargo, con todo esto no quiero expresar un fenómeno sentimental inevitable y cierto; sino significar la trascendencia de esa incontrovertible verdad de que, a pesar de la insignificancia y el carácter prescindible de todos y cada uno de nosotros; y, a pesar de que nuestra identidad es inalienable, sólo llegamos a ella desde las personas con las que el ritmo imprevisible de la vida nos invita a caminar en un encuentro enriquecedor y una convivencia constante llevada adelante desde los estratos más profundos de nuestro ser y que nos contagia alegría, entusiasmo, y se convierte en promesa.

Y, naturalmente, también hubo y habrá otras y otros, cuyo caminar estrechamente unidos durante un tiempo de nuestro peregrinaje, contribuyó a llegar hasta aquí, aunque luego los caminos divergieran, separándose paulatinamente poco a poco. También esos momentos efímeros marcaron su huella en mi vida, pues hay circunstancias y momentos, fugaces pero intensos, que precisamente por ello no pueden prolongarse, porque nos dejarían extenuados y vacíos al fin, o completamente decepcionados… deben pasar, porque el propio enigma de la vida que nos acercó inesperadamente, nos condujo imperceptiblemente a distanciarnos tras dejar su marca en nosotros… el peregrino necesita a veces la posada reconfortadora y reanimadora para poder seguir luego su camino…

Quiero, pues, simplemente decir (personalizándolo para evitar abstracciones, pero sin ningún “sentimentalismo”), que me sé siempre en déficit e incapaz de caminar en la vida si no es con vosotros y desde vosotros; y que sois vosotros en vuestra pequeñez y siendo quienes sois, quienes me vais modelando. Me sois necesarios e imprescindibles. Sin más.

Por otro lado, son cosas bien sabidas por todos, pero que nunca nos decidimos a decirnos; pero creo que, además de saberlas es preciso pensarlas y decirlas, porque nuestras relaciones habituales tan superficiales y pasajeras, (cuando no interesadas y de conveniencia), no nos permiten casi nunca sedimentar todo lo que la verdadera convivencia y el encuentro personal con “los nuestros” nos ayuda y nos humaniza. Es una llamada que pocas veces tenemos la ocasión o el valor de hacernos a lo profundo y al horizonte de nuestra vida, que sólo llega a plenitud al compartirla.

Por eso, aunque ahora esté lejos, os siento cerca a todos, acompañáis mi día a día desde el estrato más profundo de mi persona porque sois parte de mi identidad; digamos que vais conmigo, del mismo modo que no me siento en absoluto apartado o alejado de vosotros. No somos individuos aislados y distantes, sino personas en comunión, siempre presentes, identidades gemelas forjadas desde un fuego misterioso que nos ha ido y sigue modelando a través del contacto mutuo; y que, respetando y fortaleciendo nuestra libertad y nuestra identidad personal, nos hace también responsables los unos de los otros. Desde ahí, soy vuestro, obra vuestra, como vosotros sois míos… Me sois necesarios e imprescindibles; por eso me ha parecido preciso decir todo esto… lo decisivo no es “veros” siempre a mi lado (¡ojalá!), porque vais siempre conmigo… y sabedme siempre con vosotros… no tenéis más que mirar y escuchar… o leer…

Por |2020-02-07T09:41:24+01:00febrero 3rd, 2020|Artículos, General, Reflexión actualidad|Sin comentarios

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